¿Por qué los single malt whiskies son tan caros?
En octubre del año pasado fue subastado el Macallan 60 años (cask #243) por un precio de 1.5 millones de dólares, siendo la venta más alta por una sola botella en la historia. Otros single malt whiskies cuestan tanto como un automóvil o un apartamento: Dalmore 50 años ~ 50.000 dólares, Linkwood 1956 ~ 28.000 dólares y otros oscilan entre los 1000 y 5000 dólares. Sin embargo, otros single malt de menor maduración, como por ejemplo 18 años, pueden llegar a costar más de 300.000 pesos.
Pero, ¿qué hace que un single malt, que es a base de una materia prima barata como la cebada, llegue a esos precios tan exorbitantes? La respuesta es sencilla: Tiene que ver con el proceso de elaboración del whisky, su rareza y el estatus de la marca en el mercado. Hacer un single malt whisky no es una tarea fácil, es un proceso lento y arduo en el que la cebada se muele y se añade agua de manantial para luego ser calentada a una temperatura de 64 grados centígrados que se convierte en azúcar, disolviéndose en una masa fina llamada mosto (aprenda más sobre este proceso en nuestro artículo «Single Malt Whisky maduración y fabricación«).
El mosto luego es secado, enfriado y lavado. Posteriormente, es almacenado y calentado en alambiques de cobre, listo para una primera fase de destilación. Entonces se pasa a otro tipo de alambiques para una segunda fase de destilación. Así, el líquido obtenido está listo para ser añejado, en donde junto con agua de manantial se deja reposar en barriles de madera, y se conservará por varios años madurando hasta convertirse en un single malt.
Durante ese proceso, el líquido allí almacenado se evapora de forma natural a la atmósfera en el tiempo de maduración, algo que se denomina “Angel’s Share” (La cuota del Ángel). Por ejemplo, una maduración de 30 años puede llegar a perder un porcentaje de alcohol entre 30% y 40% (de su porcentaje inicial) que es evaporado en el barril o similarmente una tasa de evaporación anual del 1% en el transcurso del añejamiento de éste. De esta forma, si un whisky pierde mucho durante ese proceso de evaporación, puede llegar a ser un producto único, y como muchas botellas no se producen con esa finalidad, esto lo hace “raro”.
El mercado ha aprendido a apreciar más la elaboración de un single malt y entendió que obtener un whisky bajo esas condiciones no es para nada fácil, por lo que ha atraído la atención de críticos, coleccionistas y amantes del whisky, quienes también se han encargado de añadir una componente de valorización al precio de estos productos, y con esto que ciertas marcas sean más codiciadas que otras. ¡La cuota del Ángel, la rareza y el posicionamiento de una marca en el mercado hacen que algo que empezó prácticamente como una cerveza, valga tanto como un Picasso!
Slàinte Mhath!

